Bronnie Ware y Tanzin Kyosaki han sido enfermeras, y han trabajado durante muchos años en cuidados paliativos con pacientes terminales. Bronnie lo ha hecho en Australia; y Tanzin en Japón.
Cada una, sin saber que la otra estaba haciendo lo mismo, fueron recogiendo por escrito las confesiones que les iban haciendo los pacientes antes de morir; y –posteriormente- publicaron un libro exponiendo los resultados de su trabajo.
Posteriormente, el psiquiatra español Enrique Rojas, desde su experiencia acompañando a personas en los últimos momentos de su vida, ha escrito un libro titulado Comprende tus emociones, en el que ha recogido los pensamientos y emociones manifestados por personas antes de morir.
Espero que la lectura resumida de estos tres estudios nos ayude a reflexionar sobre nuestra vida, y a mejorar algún aspecto.
El estudio de Bronnie Ware

Bronnie Ware se fijó en los arrepentimientos que le manifestaban cientos enfermos antes de morir. Tituló su libro Los Cinco Mayores Arrepentimientos antes de Morir; y los agrupado en los cinco grandes apartados que paso a presentar.
- No haber vivido una vida más auténtica
El arrepentimiento más repetidos es el de no haber tenido el valor para vivir la vida que realmente habrían querido vivir. “Es el arrepentimiento más común. Cuando la gente se da cuenta de que su vida ya casi se ha terminado y echan la vista atrás es sencillo ver cuántos sueños no han cumplido. Casi nadie ha logrado siquiera la mitad de sus sueños, y se mueren sabiendo que fue por decisiones que ellos tomaron”, afirma Ware.

- Haber trabajado demasiado
El segundo punto en el que coincidían muchas de las personas que iban a morir es que se arrepentían de haber pasado tanto tiempo de su vida trabajando en lugar de dedicarlo a estar con sus familias o amigos. Muchos se arrepientes de haberse perdido la infancia de sus hijos o de no haber disfrutado más de la compañía de su pareja ya que pasaban demasiado tiempo en el trabajo.
- No haber tenido valentía para expresar sentimientos
Muchas veces nos callamos lo que pensamos por miedo a los demás. Por temor a una bronca del jefe o a incomodar a alguien que nos importa. Reprimir los sentimientos, ya sea por educación, por vergüenza o por cobardía, es algo de los que muchos se arrepienten cuando ya es demasiado tarde para cambiarlo.
- No haber mantenido las amistades

Los amigos son una parte fundamental de nuestras vidas. Sin embargo, pocos amigos se mantienen durante toda la vida. Los amigos de la infancia, los de la adolescencia o los que haces ya en edad adulta suelen formar parte de tu vida durante unos años y después la relación tiende a enfriarse o incluso a desaparecer.
Pues bien, cuando las personas llegan al final de su vida recuerdan a aquellos amigos de su juventud con los que tan buenos ratos pasaron y se arrepienten de no haber mantenido el contacto con ellos. «Todos echan de menos a sus amigos cuando fallecen”, afirma esta enfermera.
- No ser más feliz
El quinto arrepentimiento es quizá el que engloba a todos los demás. La mayoría de pacientes contaban en sus últimas horas de vida que se arrepentían de no haber sido más felices. Muchos se instalaron durante la mayor parte de su vida en la «zona de confort» y por miedo a experimentar nuevas cosas no se permitieron a sí mismos ser todo lo felices que podrían haber sido.
El estudio de Tenzin Kiyosaki
Tanzin Kyosaki, ha trabajado más de 16 años con enfermos terminales. Y tras jubilarse, ha publicado el libro The Three Regrets: Inspirational Stories of Love and Forgiveness at Life´s End. En él, ha recogido las confesiones que le han hecho los enfermos del hospital en el que trabajaba, y los ha agrupado en tres grandes bloques:

- “No he vivido la vida que soñé”
Las personas van dejando las cosas para más adelante y acaban por no hacerlas nunca. Una paciente siempre había querido viajar por todo el mundo y dijo a Kiyosaki: “Nunca llegué a salir de aquí, nunca pude hacer lo que realmente habría querido hacer”.

Para otros, estos arrepentimientos del tipo “y si…”, giran en torno a no haberse decidido nunca a emprender un proyecto, mudarse a otra ciudad o presentarse como candidatos al trabajo soñado.
Kiyosaki aconseja a la gente que se detenga y piense si realmente está dejando de lado sus sueños. Y si es así, que den un giro a su vida y los persigan. Según la autora, ella conoció una mujer con una enfermedad terminal que viajó a Europa a solas, a pesar de todos los obstáculos.
2. “No he compartido todo el amor que tenía”
Muchos pacientes en los últimos días de su vida sienten una inmensa frustración por no haber podido mostrar todo lo que tenían en su corazón ni haber dicho todo lo que tenían que decir a sus seres queridos. Para algunos, esto se traduce en un sencillo te quiero, mientras que para otros, es una cuestión de reconocer lo que no has tenido nunca capacidad de admitir: “No estuve a la altura, fui demasiado estricto, te habría podido ayudar…” y Kyosaki explica que no se debe vivir una vida dando la espalda a los otros ni dejando de expresar lo que uno siente por una cuestión de vergüenza o de orgullo.
Esta sensación de hermetismo en uno mismo se va arrastrando y se va haciendo más pesada con el tiempo, hasta que llega el día que te das cuenta que es demasiado tarde para liberarte de ese lastre. “No te marches de esta vida sin decir todo lo que necesitas decir”, escribe en el libro. “Encuentra maneras de decir te quiero y de expresar tu amor cada día”, afirma.
3. “No perdoné”
Este es quizás el arrepentimiento más grande que tienen las personas al final de la vida. Las heridas que no se cerraron nunca y las cuentas pendientes salen a la superficie, después de años sellando este capítulo que tanto costaba de reabrir. Aquí es donde Kiyosaki reproduce una frase de Buda: «Encallarse en la rabia y el odio es como aguantar una brasa en la boca esperando a poder escupírsela a alguien. Quién se quema eres tú».
El estudio de Enrique Rojas

Enrique Rojas, desde su experiencia acompañando a personas en los últimos momentos de su vida, ha escrito el libro Comprende tus emociones. El libro tiene una doble intención: para él como psiquiatra, profundizar en las emociones del ser humano en el momento de su muerte; y de cara al lector,compartir esa información para ayudarle a vivir y a disfrutar más su vida.
En el libro ha agrupado las emociones en seis grandes apartados, y ha establecido un orden de importancia, teniendo en cuenta el número de emociones expresadas y recogidas en cada uno de los apartados. Paso a presentar los seis apartados:
1. Trabajar demasiado
Son muchos los que se arrepienten de haber trabajado demasiado. De haber pasado la vida con una sobrecarga excesiva profesional o dicho de una forma más rotunda: haber vivido para trabajar. Y esos instantes estelares uno siente que la vida personal ha estado descompensada por ello. Amor y trabajo conjugan el verbo ser feliz. Y además tienen un puesto clave: la cultura, la amistad y las aficiones.
2. Sufrir por cosas que no merecían la pena
Hay también bastante consenso en esta segunda queja: haber sufrido mucho por cosas y problemas de la vida que realmente no eran tan importantes.
Es decir, no haber sabido relativizar,quitarles importancia a esos hechos y tener una visión más larga de las circunstancias vividas en ese momento. Esto se podría resumir del siguiente modo: es sabiduría y equilibrio psicológico saber darles a las cosas que nos pasan la importancia que realmente tienen.

Esto es justeza de juicio, saber valorar los acontecimientos que nos suceden de forma más ecuánime. En una palabra, ha faltado perspectiva y capacidad para desdramatizar.
3. No haber disfrutado la vida
Otra queja que asoma es no haber sabido disfrutar más de la vida. Y esto tiene un amplio espectro: desde no haber sido capaz de captar y gozar de cosas y experiencias de la vida ordinaria, en una especie de carpe diem (aprovecha el momento), pasando por no haber planificado el tiempo libre para uno y buscar cosas que produzcan satisfacción, alegría, disfrute. Saber descansar es también un arte. Y saber organizarse para dar con lo que a uno más le relaja en su tiempo libre, que es una forma de retratarse, de priorizar.
4. Estar poco tiempo con la familia
No haber dedicado más tiempo a la familia. Hoy lo vemos esto con bastante frecuencia. De hecho, existe una figura que es la del padre ausente,que en la actualidad tiene bastante relieve: que es el padre que casi no ha tenido influencia en la educación y formación de sus hijos, porque el trabajo le ha absorbido la gran mayoría de su tiempo y no ha tenido una presencia psicológica con ellos.

Y que su papel fundamental ha sido la de traer dinero a casa, siendo esto algo muy importante para el sustento económico de la familia, pero que no ha sabido implicarse en esos otros campos familiares. Y en casos extremos, es lo que se llama en inglés workalcoholic o adicto al trabajo. Hay muchas profesiones en las que, si no se anda con cuidado, terminan en esto.
Se da en mucha menor medida en las madres, que hasta ahora han sido la piedra básica de la familia y las verdaderas formadoras de los hijos. Este lamento suena fuerte, pero tiene muchos visos de ser una verdad estadística, pues se da en muchos casos. La vida es un arte y es clave saber armonizar bien las diferentes piezas de la vida personal: buena ecuación entre trabajo, presencia familiar y participación en la formación de los hijos y saberles enseñar los principales resortes de la existencia.
5. No hacer lo que uno quiere
Otros han dicho: Ojalá hubiera tenido el coraje de hacer lo que realmente quería hacer y no lo que los demás esperaban de mí. En el fondo esto tiene mucho que ver con atreverse a ser uno mismo. Sacar su personalidad, su estilo de vida… En una palabra, esto se refiere a una mezcla de naturalidad y, a la vez, tener una forma de ser bien armada y mostrarla así ante los demás, sin buscar la aprobación de otros.
6. Espiritualidad poco sólida
Finalmente, otros han lamentado no haber sabido tener una espiritualidad más sólida, que les diera respuesta a los grandes interrogantes de la vida. Las personas que no han tenido unas creencias trascendentes reconocen en esos instantes finales que esto ha sido un fallo, que ha limitado mucho su forma de entender la existencia.
Algunas conclusiones
Concluyo ésta exposición apuntando un aspecto singular de cada uno de los autores y de sus estudios:
Bronnie Ware se considera agnóstica, y a la hora de realizar su estudio decidió enfocarlo desde los arrepentimientos que manifestaban las personas antes de morir. El estudio, dentro de la atención psicológica a personas en cuidados paliativos, es hoy una obra referencial tanto el mundo europeo como el norteamericano.
Tanzin Kyosaki fue durante seis años monja en un monasterio budista. Después se salió, estudio enfermería, y ha trabajado como enfermera hasta su jubilación. El estudio está marcado por una marcada espiritualidad oriental, y aporta una singularidad que se plasma en las tres preocupaciones que expone. Al hacer balance de la vida a Tazin le preocupa la descompensación que se puede producir en la persona entre vida soñada y vida vivida (vida real). También le preocupa el grado de frustración que puede llevar cada persona en su interior por no haber mostrado con palabras, gestos, detalles, etc. sus sentimientos de amor hacia los suyos. Y le preocupa que una persona muera sin abrirse al perdón y la reconciliación. Tanzin considera que eso es añadir más muerte a la propia muerte.
Por último, Enrique Rojas es católico, y el mismo ha confesado que la lectura del estudio de Bronnie le ánimo a realizar su propio estudio. En ambos estudios podemos apreciar aspectos coincidentes como trabajar demasiado o estar poco tiempo con la familia y los amigos. Sin embargo, Rojas -en su estudio- aporta dos elementos que siendo obvios, resultan importantes: hay personas que confiesan haber sufrido por cosas que no merecían la pena, y se lamentan de no tener una espiritualidad más sólida.
Por Mikel Martínez.
