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Cónclave: Opiniones, datos y especulaciones.

Cónclave: Opiniones, datos y especulaciones

Estaba terminando de redactar este artículo, cuando ayer -por la tarde- salió elegido Papa el cardenal Robert Francis Prevost, que ha adoptado el nombre de León XIV. Creo que, a pesar de perder su carácter anticipativo, mantiene valor y vigencia informativa. 

En una entrevista reciente concedida a una emisora de radio de Colonia, el cardenal alemán Walter Kasper que, tiene 92 años, y ha participado en los dos últimos cónclaves: en el de 2005, (que resultó elegido Benedicto XVI); y en el de 2013, (que salió elegido Francisco), decía: “Posiblemente sea un cónclave más largo que los dos anteriores. Pues muchos cardenales no se conocen entre sí, y esto podría ocasionar un cierto retraso».

“Por otra parte, -añadía- si hay un grupo que -de alguna manera- se organiza, y tiene una mayoría de un tercio, y quiere elegir a alguien que el resto no quiere, pero aun así tiene esa mayoría de un tercio, entonces hay que empezar de cero. Esto, puede retrasar considerablemente las cosas”.

Aprovecho para recordar que el cónclave más largo de la historia tuvo lugar el año 1268. El Papa fue elegido después de dos años y nueve meses.

¿Qué ocurrió en aquel cónclave? Hay que tener en cuenta que aquel cónclave tuvo lugar a finales del siglo XIII. En algo más de sesenta años, la sede papal había permanecido vacante en distintos momentos, por un tiempo que junto computaba diez años.

A la muerte de Clemente IV, el 29 de noviembre de 1268, diecinueve cardenales se reunieron en Lacio para elegir Papa. Pero la asamblea se vio pronto bloqueada por la oposición entre dos facciones: la francesa, formada en su mayoría por cardenales creados por el papa francés Urbano IV, y la italiana, que contaba con un número suficiente de partidarios para impedir que el candidato del partido contrario alcanzara los 2/3.

Exasperados por el estancamiento, «en el otoño de 1269, los habitantes de Viterbo encarcelaron a los cardenales en el palacio papal de la ciudad y, en junio de 1270, destecharon la sala, llegando incluso a cortar el suministro de alimentos a los reclusos. Entre el otoño de 1269 y el verano de 1270», según recoge el Scriptor del Archivo Apostólico: “el número de cardenales electores se había reducido a 16”. Éstos finalmente acordaron celebrar una elección de compromiso: eligieron a seis de ellos con la tarea de acordar el nombre del candidato con el que los demás estarían de acuerdo’. 

Después de treinta y tres meses, el 1 de septiembre de 1271, salió elegido Tebaldo Visconti, archidiácono en Lieja, y de 61 años de edad. Era amigo de santo Tomás de Aquino y de san Buenaventura de Bagnoregio; pero no era sacerdote. En aquella época se encontraba en Acre, en Palestina. Llegado a Viterbo en febrero de 1272, aceptó la elección y tomó el nombre de Gregorio X. Coronado en Roma el 13 de marzo de 1272, no tenía experiencia en la Curia y no le fue fácil gobernar la Iglesia, pero gozaba de un excelente conocimiento de la situación política en Europa y Tierra Santa. «No se dejó manipular por los cardenales -señala Maiorino-, más bien se esforzó por llevarlos a la unidad y a la obediencia». Es más, movido por la situación vivida durante el Conclave que llevó a su elección promulgó la Constitución Ubi Periculum. Y ante las reticencias que mostraban los cardenales para aceptarla, decidió someterla a votación en el Concilio de Lyon II, siendo aprobada por la mayoría de los Obispos. El documento, introduce -por primera vez- el término «Cónclave», que indica un lugar cerrado: la sala donde los cardenales debían reunirse para elegir al Papa.


 El documento es, también, la premisa de la Constitución Universi Dominici Gregis promulgada por Juan Pablo II en 1996 y modificada por Benedicto XVI en 2013. Es el documento que contiene la  normativa a seguir en la celebración de los Cónclaves.

Hay que reseñar que la Constitución Ubi Periculum se caracterizaba por contener reglas estrictas encaminadas a evitar que la sede de Pedro permaneciera vacante largo tiempo. Así, se preveía que si, tres días después de la entrada de los cardenales en el cónclave, la elección no había tenido lugar, la consistencia de las comidas a los cardenales se redujera de dos a un plato durante los cinco días siguientes. Si después de estos cinco días todavía no habían llegado a la elección, las comidas se redujeran sólo a pan, agua y vino hasta la elección. También se establece que durante el Cónclave los cardenales no reciban ningún emolumento de la Cámara Apostólica.

Este pasado martes, en Donostia al final de un acto público, los Obispos del País Vasco y Navarra, fueron preguntados por los periodistas sobre el cónclave,y nuestro Obispo, D. Joseba Segura, manifestó: “Considero que va a ser corto. Posiblemente antes del fin de semana tengamos Papa”.

Ciertamente, los últimos cónclaves han sido cortos. El de Benedicto XVI requirió cuatro rondas de votación; el de Francisco, cinco. Ambos duraron dos días. Es más, desde el año 1878 en que salió elegido Papa León XIII hasta el último conclave del año 2013 que eligió Papa a Francisco, la duración media de los cónclaves ha sido de tres días.

Sobre el futuro Papa

Sobre el futuro Papa, el cardenal Walter Kasper indico que esperaba que el nuevo Papa «continuara los principios básicos establecidos por el Papa Francisco». Considera que el nuevo jefe de la iglesia “debe ser capaz de mediar entre las demandas que le plantean las diferentes partes de la iglesia mundial. Esto me parece importante en la situación actual, porque la Iglesia se ha visto envuelta en contradicciones que realmente no deberían existir en su seno”. Por otra parte, no cree que haya ningún cardenal partidario de propiciar un cambio extremo en dirección contraria a la de Francisco. Y señala: «Las posiciones extremas tienen su propósito: mantener viva la discusión. Pero para obtener una mayoría de dos tercios, se necesita un amplio apoyo. Lo que necesitamos es cierta calma en la situación actual de la Iglesia. Necesitamos un nuevo estilo de interacción en la Iglesia”.

Nuestro Obispo, D. Joseba Segura, preguntado este pasado martes sobre el futuro Papa señalo que el «liderazgo que ha demostrado el papa Francisco en el tema de la paz, y que será un `elemento importante´ en el quehacer del próximo papa». Mostró, así mismo, su confianza en que no habrá ruptura con respecto a las apuestas que ha marcado Francisco. Pero puntualizo: «Cada papa aporta su personalidad, su forma de comunicar, su forma de ser. El que venga aportará cosas diferentes». Y concluyó: «Estoy convencido tanto de la continuidad como de la diferencia, ya que tendrá un estilo distinto».  

¿Quién será el próximo Papa?

Dos días después de la muerte de Francisco, ya algún periodista publicó una lista con sus ‘elegidos’. Desde entonces, los medios de comunicación –nacionales y extranjeros- escritos, hablados, digitales, y visuales se han apresurado a sacar sus listas de posibles candidatos, incluyendo foto y datos personales de cada uno.

Comparando distintas listas y fuentes, los seis cardenales más mencionados son:

Pietro Parolin

Italiano. Era nuncio en Venezuela cuando fue nombrado Secretario de Estado en 2013 por el Papa Francisco. Tiene 70 años. Es un experto diplomático, y un buen conocedor de todo Oriente y de Latinoamérica. Desempeñó un papel clave en la firma en 2018 de un acuerdo histórico entre la Santa Sede y la República Popular China sobre el nombramiento de obispos. Le conocen todos los cardenales, y él conoce a muchos líderes políticos, así como los entresijos de la curia romana.

Robert Francis Prevost

Estadounidense. Tiene 69 años. En 2023 Francisco le nombró Prefecto del Dicasterio para los Obispos. Antes había sido misionero agustino en Perú, y años después obispo de Chiclayo (Perú). Además de inglés, habla español, italiano, francés y portugués. Es también presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Ha sido la persona encargada de realizar el cambio en el modelo de elección de obispos (más pastores, menos jerarcas) propuesto por Francisco.

Matteo Zuppi

 Italiano. Tiene69 años. Es arzobispo de Bolonia, y desde 2022 es el Presidente de la Conferencia Episcopal italiana. Siempre ha mostrado preocupación por la atención a los más desfavorecidos y a los migrantes. Miembro de la Comunidad de San Egidio, es un hombre inteligente y discreto que lleva más de 30 años realizando misiones de mediación diplomática en nombre de la Santa Sede de manera oficiosa. Ha sido mediador en Mozambique y enviado especial del Papa Francisco para la paz en Ucrania.

Luis Antonio Tagle

Filipino. Tiene 67 años. En 2022 Francisco le nombró Prefecto del Dicasterio para la Evangelización. Previamente, Juan Pablo II le había consagrado Obispo de Imus en 2001; Benedicto XVI le había nombrado Arzobispo de Manila, y en 2012 le había hecho cardenal. Moderado en las formas, no ha dudado en criticar a la Iglesia católica por sus fallos, especialmente en los casos de pederastia. Y ha estado con el papa, en primera línea de la defensa de pobres, migrantes y personas marginadas. Hombre carismático de aspecto juvenil y sonrisa fácil. En el cónclave de 2013, ya estuvo entre los «papables».

Mario Grech

Maltés. Tiene 68 años. Obispo de Gozo. Ha sido Secretario General del Sínodo de los Obispos, estos tres últimos años, lo que le ha permitido conocer y mantener contacto con todos los cardenales y representantes de la Iglesia Católica cuando han ido a Roma para las reuniones. Logró un delicado equilibrio entre las peticiones de crear Iglesia abierta y atenta, y al mismo tiempo supo reconocer y recoger las preocupaciones del sector conservador.

Péter Erdö

Hungaro. Tiene 72 años. Fue consagrado Obispo por Juan Pablo II en el año 2000, y nombrado cardenal en el 2003. Actualmente es Arzobispo de Budapest, Primado de Hungría, y Presidente de la Conferencia Episcopal Húngara. Considerado un gran intelectual y experto canonista, habla seis idiomas, y es apreciado por su disposición al diálogo con la Iglesia Ortodoxa, y con los judíos. Ha guardado silencio ante las derivas ultraliberales del gobierno húngaro de Viktor Orban; pero ha saludado, en cambio, las iniciativas que dicho gobierno está llevando a cabo para renovar los lugares de culto y recristianizar las escuelas.

Las responsabilidades que han ejercido estos cardenales les han permitido conocer y ser conocidos por muchos cardenales, obispos, y líderes políticos. Si el cónclave es corto, posiblemente salga elegido Papa uno de estos. Así, fue en el caso de Pío XII o Benedicto XVI. Su labor les había permitido conocer –previamente- la Curia Vaticana, y tratar a muchas personas.

Pero si el cónclave se alarga, posiblemente busquen un candidato de consenso, e incluso elijan Papa a alguien que no figura en las “listas de favoritos”. Así pasó en el caso de Juan XXIII, Juan Pablo I, Juan Pablo II o Francisco. Esto me lleva a elaborar otra lista de candidatos:

Jean-Marc Aveline

 Francés. Tiene 66 años. Nació en Argelia en el seno de una familia francesa, que residía allí durante el período colonial, y que tuvo que retornar a Francia cuando la colonia consiguió la independencia. Afable y culto, ha dedicado buena parte de su vida a las personas que se encuentran en las ‘periferias’, al diálogo interreligioso y las migraciones. Fue consagrado Obispo auxiliar de Marsella en 2013, y nombrado Arzobispo en 2019. Allí ha trabajado a favor del diálogo interreligioso y de los migrantes. Fue el artífice de la visita del Papa a Marsella en 2023, y ha sido elegido Presidente de la Conferencia Episcopal Francesa.

Pierbattista Pizzaballa

Italiano. Tiene 60 años.  Llegó a Jerusalén como sacerdote franciscano en 1990. Fue consagrado arzobispo en 2016, y nombrado Patriarca Latino de Jerusalén. En 2023, un mes antes del ataque de Hamás,  Francisco le hizo cardenal. Habla inglés y hebreo. Conoce bien todo Oriente Medio.  Durante este último año y medio de conflicto entre Israel y Hamás ha demostró su compromiso con la paz tanto con palabras como con gestos.

Peter Turkson

Ghanés. Tiene 76 años. Fue consagrado Obispo en 1993, y Juan Pablo II le nombró cardenal en 2003. Desempeñó un papel decisivo en la promoción de la paz en su país en 2008. La trayectoria de su vida está marcada por un profundo compromiso con la justicia social y el desarrollo humano. Es un defensor constante de los derechos humanos y ha trabajado incansablemente para abordar problemas como la pobreza, el cambio climático y la migración. Habla seis idiomas y ha acudido en varias ocasiones al Foro Económico Mundial de Davos para alertar a los líderes empresariales de los peligros de la economía.

Autor Mikel Martínez