DOMINGO XIV TIEMPO ORDINARIO
No desprecian a un profeta más que en su tierra

Lectura del santo evangelio según san Marcos 6,1-6
En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
-¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?
Y esto les resultaba escandaloso.
Jesús les decía:
-No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.
No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe.
Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

SALMOA 122, 1. 2. 3-4
R/. Gure begiak Jaunagana dagoz, gugaz errukitu dadin arte.
Zugana jasoten ditut begiak,
zeruan errege zaran Horregana. R/.
Zelan morroien begiak nagusien eskuetara
eta neskamearen begiak etxekoandrearen eskuetara,
holan dagoz gure begiak Jaunagana,
gure Jainkoagana,
gutaz erruki dadin arte. R/.
Erruki gutaz, Jauna, erruki!
Buruz gain gagoz mespretxuz,
buruz gain ustetsuen burlaz,
harroen irainez. R/.

REFLEXIÓN
Hay un cantante argentino asentado en nuestro país que en el mundo de la música se le conoce como “Coti”. Hace unos años, en una entrevista que le hicieron en Radio Nacional de España, el cantante contó la siguiente anécdota:
Un día, fui a buscar a mi hija Leyre, (que tenía entonces 5 años) a la salida de colegio. Ya dentro del coche, mi hija comenzó a cantar una canción. Yo le pregunte qué era eso que cantaba. Y ella me respondió que era una canción que le habían enseñado en el colegio, que se titulaba “Color Esperanza”, y que era muy bonita. Su respuesta me llenó de alegría; pues esa canción la había compuesto yo. Entonces, le pregunte: “Y ¿sabes quién ha escrito esa canción?” Y la niña me dijo: “No, papá, ¿cómo voy a saber eso?”. Todo esto me hizo mucha gracia, decía Coti. Pero cuando me atreví a revelar a mi hija que esa canción que tarareaba la había compuesto yo, su padre… Ella, me miró, y me dijo: “¡Ya quisieras tú, papa, haber escrito esa canción!”.
La imagen que tenemos de las personas con las que convivimos, nos relacionamos, o trabajamos, nos puede llevar -con el paso del tiempo- a perder la capacidad de asombro hacia ellas.
Algo de esto les pasa a los vecinos de Nazaret con Jesús. Unos le han visto crecer, otros han sido compañeros suyos de juegos, algunos le han visto hacerse mozo, y trabajar, con José, en el taller de carpintero… De ahí su comentario; pero bueno “¿no es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón?”
También hoy, bastantes cristianos creen conocer a Jesús porque saben algunas cosas sobre su vida que les contaron en la catequesis y en el colegio. Podemos decir, que Jesús ocupa un lugar en su memoria, junto a otros conocimientos culturales como el teorema de Pitágoras, la tabla periódica de los elementos químicos con sus valencias o las características del arte románico. Pero Jesús no ha entrado en su corazón. Pues ese conocimiento que tienen de Jesús no es un conocimiento que nace del amor.
El apóstol san Pablo, en la segunda lectura, nos ofrece una pista importante para crecer en el conocimiento que nace del amor. Nos confiesa que ha pedido reiteradamente al Señor que le libre del pecado; pero que Dios le ha dicho: “Te basta mi gracia; pues mi fuerza se realiza en tu debilidad”. Ciertamente, cuando somos menos autosuficientes, menos soberbios, menos egoístas… podemos dejar que la vida y el mensaje de Jesús nos interpelen, y nuestra vida comienza a cambiar. A partir de este momento nuestra relación con Él se hace más admirativa, más afectuosa, más vital. Y vamos dejando que Jesús -poco a poco- ilumine, anime o interpele nuestro vivir diario, y se vaya convirtiendo, sin darnos cuenta, en el inspirador de nuestra vida.
Pregúntate: ¿Cómo acojo a Jesús? ¿Cómo vivo la novedad de su mensaje?
Gracias, Jesús, por interpelarme por medio de tu Palabra, y por alimentarme con tu Pan de vida para ser testigo de tu amor.
Por Mikel Martínez
Ebanjelioan, leku bi jarten dira aurrez aurre: joan dan astean, Kristo Kafarnaumen egoan eta oraingoan Nazareten eta hemen ez dabe onartzen salbazinoa dakarren mezua.
Behin baino gehiagotan, gure eguneroko bizitzan, mirariren baten zain egoten gara sinisteko… Eta batek baino gehiagok esan dau: “hau edo bestea gertatzen bada, sinistuko dot”… Baina, ze fede da hori? Nazaretarren tentazinoa, ezagutzen dabenez, gizona dala sinistea da, jabetzen dira egiten dituan gauza onez, baina ez doaz harago, ez dabe beste azalpenik behar eta ez dabe Jesusen benetako nortasuna ezagutzen.
Jesusek arazoak ditu beretarren artean eta horrek eragina dau Berarengan, baina ez dau etsitzen. Eta Jesusi gertatu jakon horri begiratu behar deutsagu kristauok barri ona iragarri eta onartzen ez danean, etsi ez daigun eta etenbarik saiatu gaitezan. Etsipenean jausi gaitekez sarritan, Jesusen antzeko izateko asko falta jakula-eta, gatx egiten jakulako haren mezua gure inguruan zabaltzea jenteak sinistu daian; baina Jesusek berak be bere mezua onartu ez eban makina bat jente aurkitu eban, baina hori ez zan oztopo izan hots egiten jarraitzeko eta geuretzat be ez dau eragozpen izan behar.
Dakigunez, Jainkoaren graziaz bizi gaitekez Kristok irakatsi euskun lez, munduak ezinbesteko dauan lekuko bihurtuz, Jesusen lekuko eta bere mezuaren eroale, nahiz eta egunez egun emaitza argirik ez ikusi.
En bizkeliza.org

OTOITZA
Propuesta
Si acaso resisto, insiste.
Si niego, afirma.
Vence tú en este duelo
entre tu promesa y mi reserva.
Quítame el traje de gala.
y reviste mi desnudez de justicia.
Cúbreme con un manto de coraje,
ármame de bondad
y ponme en pie.
Tu luz conquistará
los reductos cerrados del alma,
tu palabra despertará
las esperanzas y los sueños.
Tu paso marcará el ritmo,
tu vida mostrará la ruta
hacia una tierra nueva
habitada por todos
Señor de la alegría distinta,
de los encuentros y fiestas,
de la mesa compartida,
del amor inquieto.
Señor de la cruz vencida,
todo empieza en ti de nuevo.
José María R. Olaizola, SJ
